Redescubriendo el placer de leer

Para ser sincero nunca he sido muy de leer libros. Podría decir, como la mayoria, que es por falta de tiempo, pero no dejaría de ser más que una excusa barata, cuando decimos que no tenemos tiempo implicitamente estamos diciendo que el tiempo que tenemos no lo queremos dedicar a leer, hemos decidido invertirlo en [...]

Para ser sincero nunca he sido muy de leer libros. Podría decir, como la mayoria, que es por falta de tiempo, pero no dejaría de ser más que una excusa barata, cuando decimos que no tenemos tiempo implicitamente estamos diciendo que el tiempo que tenemos no lo queremos dedicar a leer, hemos decidido invertirlo en otros haceres. Yo no era de leer libros porque prefería invertir mi tiempo haciendo otras cosas, como estar en el PC o incluso ver la televisión, los libros no me enganchaban.

Sin embargo, desde que me fui al Reino Unido puedo decir que he redescubierto el placer de la lectura. En mi estancia en el extranjero encontré una tienda Oxfam donde vendían libros de beneficiencia a 2 libras. Como quería mejorar mi ingles no vi mejor manera ( y más barata) que leyendo libros en inglés, empecé a rondar la tienda y comprar algunos títulos que me interesaban.

Encontré entonces un nuevo placer que más tarde pasaría a convertirse en un ritual. El placer no venía directamente de la calidad del libro o de que me gustase o no la trama. El placer venía de saber que estaba haciendo algo productivo (en este caso aprender inglés) y del valor y serenidad que me aportaban esos momentos; venía del ritual que habia creado en torno a la acción de leer. Intentaba reservar un ratito todas las noches para leer, en la soledad y oscuridad de mi cuarto sentía una sensación de calma y tranquilidad. Sin darme cuenta, había reservado al día unos minutos para mi yo espiritual que me ayudaban a desconectar de mi tónica habitual de estar todo el día en frente del ordenador o entre tanto ajetreo de personas, y lo mejor de todo es que encima hacía algo productivo.

A la vuelta de mi estancia en el extranjero, recordaba aquellos momentos con nostalgia pues me aportaban mucho más de lo que podría haber imaginado la primera vez que entre en aquella librería de Oxfam. Quería continuar leyendo, había descubierto que me gustaba leer libros pero siempre que me aportasen algo más alla del mero placer y disfrute del contenido. Empecé imprimiendo manuales en Internet sobre temas que me inquietaban como el Affiliate Marketing o Google Adwords y ahora estoy con títulos como Get Things Done o los 7 hábitos que están ayudando a organizarme y ser más productivo.

Ahora aprovecho para leer en cualquier tiempo muerto, en la que antes no hacía más que ver pasar la gente y darle vueltas a pensamientos improductivos. Además estoy intentando volver a la rutina de leer antes de dormir como sustituto a ver la “caja tonta”. Veremos si lo consigo.

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