Hoy sin duda ha sido el peor de todos los días desde que inicie mis andadas con el hábito de madrugar. Hoy en el trabajo me ha tocado cambiar el servidor y reconfigurar toda la red por lo que me he pasado toda la mañana de arriba para abajo con los cables de red, ips [...]
Hoy sin duda ha sido el peor de todos los días desde que inicie mis andadas con el hábito de madrugar. Hoy en el trabajo me ha tocado cambiar el servidor y reconfigurar toda la red por lo que me he pasado toda la mañana de arriba para abajo con los cables de red, ips y demás incordios. Eso junto con el cansancio acumulado de los días atrás han hecho que sucumba y esta tarde me he permitido echarme una siesta un tanto más larga de lo que me había propuesto ( 1 hora y 30 minutos) . Qué razón tenía una que yo sé cuando me decía que no conseguría echarme una siesta de tan sólo 30 minutos y es que para que nos vamos a engañar, el dormir es un placer y más aun cuando uno está cansado.
He utilizado la misma técnica de ponerme el despertador lejos de mi alcance(para tener que levantarme), esta vez para que sonase a la media hora. Me he enterado perfectamente del pitidito molesto, me he levantado hasta la mesa, he cogido el movil, lo he apagado y me he metido directamente a la cama de nuevo. Obviando el tema del cansancio físico el conseguir levantarse a las 5:00 o a las 16:00 no debería suponer ninguna diferencia. Lo cierto es que la sensación nada más levantarme y mi percepción de mi propio cuerpo no eran para nada iguales. En primer lugar sueña más sencillo el lograr echar una siesta de media hora que levantarse a las 5:00, sin embargo analizandolo bien concluyo que mi pequeño fracaso siestero viene influienciado, nuevamente por una doble faceta.
La primera faceta viene establecida por el lado psicológico y el primer aspecto a tener en cuenta es mi compromiso frente al reto autoimpuesto. En mi primera entrada sobre este tema ya comenté que antes de iniciar el reto intenté levantarme varios días a las 6 sin ningún éxito. El compromiso interior, hacerlo público y el buscar algo productivo y atrayente con que llenar esas horas extras hicieron que adoptara una postura propicia para alcanzar el propósito. Hoy cuando he decidido echarme la siesta sólo he pensado en que estaba cansado y que lo necesitaba, de hecho incluso se me ha pasado por la cabeza ponerme el despertador cerca de mi cama por si necesitaba prolongar el tiempo. Subconscientemente mi diablo interior entraba en conflicto con mi decisión inicial y me permitía recrear en mi cabeza una bifurcación en la que rompía con mi decisión de último minuto y me presentaba un escenario alternativo al buscado. El análisis sosegado, junto con el estudio profundo de las ventajas y vías para llevar a cabo el hábito indudablemente ayudan a tener éxito en esas segundos clave en los que suena el despertador.
Tenemos que recordar que nada más sonar el despertador uno no se encuentra al 100% en lo que a facultades mentales se refiere, nuestro largo letargo se ve interrupido drásticamente y nuestro cerebro necesita tiempo para reactivarse y pensar con claridad. No podemos confiar y dejar que nuestro cerebro se cuestione el seguir durmiendo o levantarse en esos momentos de flaqueza mental, hay que centrarse en domesticar nuestro lado subconsciente y para ello hay que grabarse ha fuego la rutina de saltar de la cama nada más sonar el despertador sin cuestionarse lo más minimo el seguir durmiendo. Para ello la decisión de madrugar debe estar perfectamente asumida antes de irnos a dormir. A mi me gusta el hecho de establecer la alarma todas las noches (justo antes de ir a dormir), de esta manera me tanteo a mi mismo cuan involucrado y predispuesto estoy a cumplirlo. El Nokia que utilizo además me dice las horas que faltan hasta que suene el despertador. Accedo al menú de la alarma, escribo las 5:00 y acto seguido me señala que tengo unas 6 horas por delante para dormir. Si durante este proceso, que apenas dura unos segundos, surge alguna duda, flaqueza o simplemente una sensación de negativismo y de no querer madrugar, entonces tengo todas las papeletas de fracasar a la mañana siguiente. Si con nuestras facultades mentales al 100% nos surgen dudas de abdicar ante un compromiso que encima es autoimpuesto, imaginate a las 5:00 de la mañana bajo el calor de las sabanas y con nuestro disminución radical de las facultades mentales.
Siempre me he despertado con alarma y me parece curioso el hecho que cuando tenía que ir a la Universidad un 95% de las veces me levantaba frente a un 5% que decidía que me iba a saltar las clases. Ahora que trabajo mi tasa de fallos es del 0%. En cambio, cuando me ponía el despertador los fines de semana para intentar aprovechar un poco las mañanas no me levantaba prácticamente ningún día. Este es un claro ejemplo de lo que intento explicar; el compromiso autoimpuesto no me resultaba tan comprometedor como para tener que cumplirlo a rajatabla, en cambio nunca me planteaba no despertarme el día que tenía examen o a la hora de ir al trabajo. Y es que el que sea un compromiso autoimpuesto, la mayoría de las veces, viene a significar que las concesuencias negativas que se desprenden de no cumplirlo son leves o prácticamente inexistente. Si mañana no voy al examen significa que suspenderé y tendré que volver a estudiar y presentarme en otra convocatoria. Si falto al trabajo mi jefe no estará contento conmigo y si la conducta es reiterada podría ser despedido. En cambio, si mañana no me levanto a las 5:00 simplemente perderé unas 3 horas que dedicaba a mis asuntos personales y que puedo trasladar perfectamente para hacerlas en otro momento. Es en este campo donde más tengo que trabajar e intentar centrarme en las ventajas que supone y no en las reprimendas o consecuencias negativas derivadas de su no cumplimiento.
Una vez conseguimos establecer el compromiso en lo más profundo de nuestro interior y tras desterrar cualquier proceso mental o decisión que tomar a la hora de sonar el despertador necesitamos un plan de acción. Hay que crear una rutina efectiva para dejar atrás la cama cada vez que suene el despertador. Esta rutina es un tanto personal y dependerá de analizarse uno mismo y ver qué funciona o qué no. Yo siempre ponía el despertador al alcance de mi mano y hasta ahora me había funcionado bien.
Sin embargo, a la hora de levantarme a las 5:00 y tras repetirme e intentar desterrar cualquier proceso mental de duda a la hora de levantarme, la verdad es que de vez en cuando surge la duda. Es por ello por lo que me he puesto el despertador en mi escritorio que está a unos 5 pasos de la cama. Afortunadamente mi cerebro reacciona y procesa a la perfección el sonido de la alarma y en menos de dos segundos soy capaz de saltar de mi cama e ir directo hacia el movil para apagar el sonido. Acto seguido me dejo, literalmente, caer sobre el sillón de mi escritorio, enciendo la luz y permanezco sentado en estado de zombi entre 5 y 8 minutos. El primer minuto la sensación es espantosa, aún no soy capaz de abrir los ojos y noto como mi cuerpo se activa lentamente, incluso siento un leve dolor de cabeza por el cambio radical de estar durmiendo a ponerse de pie y caminar en tan solo un par de segundos. Al principio no soy capaz de razonar y mi predisposición es de absluto negativismo y mal humor, sin embargo ya estoy a 5 pasos de la cama y la posibilidad cuestionarme el seguir durmiendo se esfuman casi por completo. Tras unos minutos sentado las cosa mejoran y me pongo en marcha, me visto preparo mi maletín de trabajo y bajo a la segunda planta para asearme, acto seguido bajo al salón donde mientras se inicia mi portatil me preparo un Cola-Cao (nada de café) para entrar en calor y terminar de despertarme por completo para acto seguido iniciar lo que me haya propuesto hacer esa mañana.
Y vosotros… ¿ qué rutina os funciona para despertaros?.
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3 comentarios
¿has vuelto a caer o te resistes?La siesta tiene un poder asombroso sobre nuestra mente, creemos que podemos, que lo conseguiremos, solo estar sobre un blando colchón o sofá durante menos de media hora, pero la realidad es otra, y tu, tu has caído en picado en los sueños.
Lo peor no es eso, sino el cabreo, el malestar interior cuando ves que has perdido más de una hora de tu vida cuando querías haber estado menos divagando inconscientemente.
Suerte en tu próximo intento de siesta.
No pasa nada por ablandecernos aunque solo sea un día, con lo cual no merece la pena que te cabrees y te sientas mal.
Pues me tomé una siesta un par de dias y no lo he vuelto a hacer porque me levanto peor y además no consigo estar sólo los 20 minutos de rigor. Pero por el resto ahí estamos fuerte, aunque hoy he pecado y no me he levantado a las 5 :-S ya lo contaré en mi proxima entrada
[...] ya bastante desde que no escribo sobre madugrar. Decir que aún no he desistido aunque si que he sido debil y he dejado de madrugar 5 días. En uno [...]