Bueno como prometí aquí estoy para contar como me va con esta tonteria que me he planteado de madrugar. Son ya tres dias los que llevo acostandome a las 23:00 y levantandome a las 5:00.
Ayer mismo tenía la esperanza de cazar “in-fraganti” a los reyes magos pero me encontré con los regalos ya puestos ( [...]
Bueno como prometí aquí estoy para contar como me va con esta tonteria que me he planteado de madrugar. Son ya tres dias los que llevo acostandome a las 23:00 y levantandome a las 5:00.
Ayer mismo tenía la esperanza de cazar “in-fraganti” a los reyes magos pero me encontré con los regalos ya puestos ( hay que ver lo disciplinados que son los reyes con esto de madrugar).
Para entrar en materia me gustaría empezar separarando el acto de madrugar en dos facetas: la psicológica y la física.Concentremonos hoy en la faceta psicológica, la cual, por cierto, está marchando bastante mejor que la física.
La semana pasada me había puesto el despertador a las 6:00 de martes a jueves y ni un día me levanté. En cambio, estos tres días me he levantado como un resorte nada más sonar el despertador y sin si quiera pasarseme por la cabeza el quedarme durmiendo. Creo que la diferencia es que he conseguido un verdadero compromiso. La semana pasada tenía claro que quería madrugar pero, a pesar de que tenía la iniciativa, no lo había convertido en un compromiso real. El hecho de hacerlo público en este blog, de comentarlo a mi família y el de marcarme la meta de los 30 días ha sido clave. La motivación generada al tomarmelo como un reto personal y la elevación de moral que me ha provocado comprobar personalmente los frutos recogidos de las primeras horas matinales extra están ayudando mucho.
Hay que afrontarlo con optimismo y para ello lo primero es eliminar esa vocecilla interior que cuestiona y se resiste, es como si el subscosciente jugase en contra de uno mismo. Estos días atras he experimentado como en ciertos momentos surge el conflicto interior. Aunque esté totalmente volcado en no fracasar en mi intento hay momentos del día en que flaqueo con diálogos internos como:
- ¿Por qué no me dejo de tonterías y duermo a pierna suelta? total.. ¿no es lo que me hace feliz? ¿ qué necesidad tengo de madrugar?.
– Tampoco tengo que tomarmelo a vida o muerte ¿Y si mañana me lo salto?, total es el día de reyes y sólo ocurre una vez al año…
- ¿A quien quiero engañar? , si no lo voy a conseguir, voy a fracasar y encima voy a quedar como un tonto por darmelas de chulito.
Ayer mismo en la televisión vi una entrevista a Eduardo Punset el cual hizo un comentario que me fue un tanto revelador. Eduardo introducia su argumento con el hecho de que existía un cierto tipo de primate del cual se conocía su elevada capacidad mental. Un estudio realizado sobre estos primates desvelaba que tenían la capacidad de cambiar de opinión; así como en un momento podían querer comer un plátano, en el mismo momento su cerebro podría procesar el deseo de comer un plátano y reflexionar la decisión cotejandola con un pensamiento paralelo de, por ejemplo, una lechuga para finalmente cambiar de opinión y decir que donde antes quería una plátano ahora quiere una lechuga. Eduardo comentaba, de manera un tanto jocosa, cómo los seres humanos carecemos de esta facultad mental, y es que el ser humano es adverso al cambio, si queremos un plátano queremos uno y punto, omitimos el ruido externo de comentarios que intentan influenciar el cambio, cómo si al aceptar la posibilidad de cambiar nuestro parecer estuviesemos atentando contra nuestra propia integridad y perdiendo nuestra propia entidad, esa que nos hace ser quienes somos.
Yo mismo atribuiría los dos primeros diálogos anteriores a la resistencia innata del ser humano a afrontar los cambios. Y digo innata porque el hecho de que aunque yo mismo me comprometiese y asumiese por completo mi deseo de madrugar e incluso despues de haber comprobado en mis propias carnes los beneficios que se obtienen de esta conducta hay ciertos momentos del día en que surge el conflicto interior de una manera casi inconsciente.
El último diálogo indudablemente lo asumiría al miedo al fracaso, como seres humanos estamos sumergidos de lleno en una sociedad donde uno es juzgado por cada acto y por desgracia todos nuestras acciones se ven coaccionadas por nuestro entorno y siempre tememos al “qué diran”. El miedo al fracaso también puede venir desde nuestro propio interior que con nuestra baja autoestima no seamos capaces de salir de nuestra cómoda posición hacia un camino sin explorar, esa adversidad al riesgo y a la incertidumbre nos atemoriza. Es más facil asumir que no tendremos éxito que ilusionarse y fracasar en el intento, con la primera opción al menos siempre nos quedará la incertidumbre de la posibilidad de éxito y esa probabilidad de éxito inicial es mayor que la nulidad de la misma una vez fracasamos.
Con lo cual nos encontramos con dos barreras psicológicas a derribar, por un lado nuestra adversidad al cambio y por otro lado nuestro miedo al fracaso. Por lo tanto, nuestras armas de lucha deberán ser compromiso para luchar contra la resistencia al cambio de hábito y optimismo para luchar contra el miedo al fracaso. Para conseguir ambos veo indispensable el llenar esas horas extra con tiempo de productividad o con acciones con las que se obtenga unos resultados cuantitativos y que hagan sentirse mejor con uno mismo. De esta manera al final de cada jornada miraremos atrás para darnos cuenta que hemos recogido los frutos de lo sembrado, eso nos llena de optimismo al conseguir nuestras metas, fortalece nuestro compromiso interno y eleva nuestra autoestima y felicidad al ver que estamos consiguiendo aquello que nos proponemos.
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5 comentarios
Me gustaría ser como los primates en algunos momentos o quizás debería de reflexionar más y pelear más con el subsconsciente de lo que hago ahora.
Miedo al fracaso, sensación de ser inferior a los demás, sentimiento de culpa por no haber hecho más… son cosas que siempre están pegadas en nuestro interior, ahi en una pequeña esquina del cerebro y se deboran cualquier situación o pensamiento que pase cerca de ellas.
Yo prefiero pensar que no lo consigo a hacerlo al reves y luego no conseguirlo de verdad, es menos deprimente que lo primero, en el que desde un primer momento te haces idea de que no puede ser.
Yo de ti… cogería una ametralladora y dispararía a esas barreras psicológicas, si quieres te vendo la munición que tengo en mi caja fuerte y que es especial para estos casos, a veces voy hasta arriba de ella.
Hagas lo que hagas hay que intentar no martirizarse uno mismo y menos por lo que hemos hecho o hemos dejado de hacer en el pasado. Es mi humilde opinión y se que muchas veces es dificil. Hay que intentar reforzar nuestra propia autoestima. Es casi un engaño pero me gusta hacer balance de mi pasado enfocandome en los logros obtenidos, no obvio los fracasos pero intento no darles mucha importancia, pues al final todos somos humanos y nos equivocamos.Alimentar el demonio interno de la victimización repercute en nuestra confianza para afrontar el futuro convirtiendose en un circulo vicioso peligroso.
Por cierto, gracias por ofrecerme la munición ¿ a cuanto me dejas el kilo?
¿donde está diario de un madrugador Dia 4? sucumbiste ante las garras del mortífero monstruo del sueño?tu almohada ha construido una jaula para tí mientras dormías para no abandonar la cama jamás?
Aún estoy pensando a cuanto vale el kilo de la munición porque es muy preciada, tendrás que ganartelo poco a poco.
Aun no he sucumbido no. No voy a escribir todos los días ya que me parece un poco pesado para el que me tenga suscrito. Lo que estoy pensando es escribir cada 3 días, así que mañana escribiré una nueva entrada
[...] unos días hablaba de la faceta psicólogia al madrugar, así como de mi predisposición y optimismo con la que estoy afrontando este cambio de hábito. [...]